- Fueron los primeros días que pasé en esta ciudad. Se trataba de la azotea del edificio donde me quedaba con un amigo de la universidad. Fumábamos ebrios super skunk, viendo Santiago de Chile.
Cualquier forma de amor, incluso la más diminuta, le recuerda dolorosamente el amor perdido. Caminar tres calles para devolver un paraguas le destroza el corazón. Tan pequeño ha llegado a ser. La canción más tonta le detiene, y le obliga a regresar a la cama para taparse la cabeza con las mantas.
No es capaz de amar, pero tampoco está dispuesto a olvidar o a ser olvidado. Se agarra de manera grotesca al último beso, como si fuera el último segundo del último día del fin del mundo.
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